CAPITULO 1. Hugo con B (Hubo un novio).
Era 19 de diciembre, las calles estaban iluminadas, hacía frío. Acababa de cerrar la tienda, al ser unas fechas tan señaladas había mucho dinero en la caja, mi novio Hugo me estaba esperando ya que ibamos a cenar.
Bajé al almacen a coger el bolso y mi abrigo. Escuche unos golpes y seguido un disparo, me asusté, subí corriendo las escaleras y ví a Hugo tirado en el suelo desangrándose. Me acerqué, no sabía que hacer, le tomé el pulso, estaba muerto. Llamé histérica a la policía, no me quedaba más que esperar.
Días después, el caso seguía sin solución y la muerte de Hugo me atormentaba. Intentaba buscar solución pero no la hallaba. Era la noche de Navidad y estaba sola, era un bucle sin sentido, había renunciado a mi familia, solo me quedaba mi gato Bimbito.
Intenté buscar solución por mi cuenta, necesitaba el video de seguridad, necesitaba un hacker. Consulté mi problema con mi casero, y me dió un numero.
Al día siguiente quedé con el mencionado hacker en una gatoteca en la calle Doc. Fourquet. Al entrar vi una chica con un gato blanco en el regazo mientras tomaba café, se me quedó mirando y me acerqué. Demostró una inteligencia digna de admirar y, tras hablar un largo rato con ella, se ofreció a ayudarme en mi problema ya que lo consideraba un gran reto. Incluso, para que esta difícil tarea se simplificara notablemente decidimos vivir juntas.
Tras semanas de investigación profesional, seguíamos si tener ninguna pista consistente de quién podía haber sido el culpable de la muerte de mi novio.
Por ello, y tras hablarlo mucho, decidimos incorporar a una tercera persona en el proyecto.
Tras otro buen tiempo y muchas entrevistas, nos encontramos a una chica que nos pareció muy peculiar. Con la silueta de un gato en la nuca, nos demostró una inteligencia felina. Dándose cuenta de los detalles más insignificantes, nos demostró una capacidad deductiva digna de Sherlock Hlomes en una novela de Sir Arthur Conan Doyle.
Al igual que la inteligente informática se fue a vivir con nosotras.
Desgraciadamente para mí, tras meses y meses de duro trabajo conseguimos indicios que señalaban a un culpable, pero al no tener pruebas sólidas se quedó en una simple teoría. Eramos como unas científicas frustradas. Sin embargo, estas dos chicas se convirtieron en grandes amigas para mí y un gran apoyo. Por esto mismo, decidimos fundar una pequeña compañía, llamada las Cientificats, para hacer por otras personas lo que no pudimos lograr conmigo.
Bajé al almacen a coger el bolso y mi abrigo. Escuche unos golpes y seguido un disparo, me asusté, subí corriendo las escaleras y ví a Hugo tirado en el suelo desangrándose. Me acerqué, no sabía que hacer, le tomé el pulso, estaba muerto. Llamé histérica a la policía, no me quedaba más que esperar.
Días después, el caso seguía sin solución y la muerte de Hugo me atormentaba. Intentaba buscar solución pero no la hallaba. Era la noche de Navidad y estaba sola, era un bucle sin sentido, había renunciado a mi familia, solo me quedaba mi gato Bimbito.
Intenté buscar solución por mi cuenta, necesitaba el video de seguridad, necesitaba un hacker. Consulté mi problema con mi casero, y me dió un numero.
Al día siguiente quedé con el mencionado hacker en una gatoteca en la calle Doc. Fourquet. Al entrar vi una chica con un gato blanco en el regazo mientras tomaba café, se me quedó mirando y me acerqué. Demostró una inteligencia digna de admirar y, tras hablar un largo rato con ella, se ofreció a ayudarme en mi problema ya que lo consideraba un gran reto. Incluso, para que esta difícil tarea se simplificara notablemente decidimos vivir juntas.
Tras semanas de investigación profesional, seguíamos si tener ninguna pista consistente de quién podía haber sido el culpable de la muerte de mi novio.
Por ello, y tras hablarlo mucho, decidimos incorporar a una tercera persona en el proyecto.
Tras otro buen tiempo y muchas entrevistas, nos encontramos a una chica que nos pareció muy peculiar. Con la silueta de un gato en la nuca, nos demostró una inteligencia felina. Dándose cuenta de los detalles más insignificantes, nos demostró una capacidad deductiva digna de Sherlock Hlomes en una novela de Sir Arthur Conan Doyle.
Al igual que la inteligente informática se fue a vivir con nosotras.
Desgraciadamente para mí, tras meses y meses de duro trabajo conseguimos indicios que señalaban a un culpable, pero al no tener pruebas sólidas se quedó en una simple teoría. Eramos como unas científicas frustradas. Sin embargo, estas dos chicas se convirtieron en grandes amigas para mí y un gran apoyo. Por esto mismo, decidimos fundar una pequeña compañía, llamada las Cientificats, para hacer por otras personas lo que no pudimos lograr conmigo.
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